lunes, 14 de enero de 2013



Posted: 13 Jan 2013 10:57 AM PST

KEYNES: ESTADO DE BIENESTAR Y HEDONISMO

Estamos siguiendo una vía indirecta hacia la comprensión política del neoliberalismo, fenómeno que poco tiene que ver con las cadenas de ecuaciones matemáticas de la obra académica de Milton Friedman. Primero hemos identificado aquella doctrina económica que, durante mucho tiempo, fue considerada la "negación" del ideario neoliberal, a saber, el keynesianismo. Pudimos comprobar también, empero, con estupefacción, que el "keynesianismo" no fue más que la forma "políticamente correcta" de designar y adaptar a los valores de las sociedades hedonistas europeas de posguerra un modelo socio-económico cuyo origen habría que rastrear en dos direcciones: 1/ la Alemania imperial bismarkiana; 2/ los fascismos o "socialismos nacionales" derrotados por la alianza liberal-comunista.
 Dicho modelo suele denominarse pudorosamente "economía mixta" y, en el caso alemán, fue erigido por el nacionalsocialismo como baluarte para evitar el "contagio" europeo de la revolución bolchevique, con toda la barbarie que ésta implicaba y que a la sazón, estando ya perfectamente documentada antes del ascenso al poder de Adolf Hitler, provocó la justificada alarma de viejas naciones cultas como Alemania. Para los fascistas se trataba así de impulsar una sinergia entre los aspectos positivos del mercado, el patriotismo y el socialismo, con medidas correctoras y protectoras en favor de los trabajadores, todo ello bajo un Estado autoritario que frenase, mediante el uso de la fuerza si necesario fuere, el avance del comunismo y en defensa de la "civilización occidental". Desde luego, la opinión que los "liberales" tenían del fascismo en los años veinte y treinta en nada se parece a lo que nos cuentan ahora los neoliberales del cheque escolar. Veamos, por ejemplo, cómo describe Ludwig von Mises (el primer doctrinario histórico de lo que medio siglo después será el neoliberalismo) a los futuros aliados de EEUU e Inglaterra, los revolucionarios comunistas:
  “ Estas últimas concesiones al liberalismo desaparecieron cuando, concluido ya el gran conflicto, accedieron al poder los socialdemócratas marxistas, convencidos como estaban de que la era liberal-capitalista había concluido para siempre. La tercera internacional justifica cualesquiera medios que puedan, en su opinión, contribuir a la consecución de los fines perseguidos. Quien no comulgue íntegramente con la línea del partido, merece la muerte; amenaza que, desde luego, no deja hacerse efectiva, sin respetar ni edad ni sexo, en aquellas zonas donde los marxistas puedan libremente operar. / Esta mentalidad de aniquilar al disidente, recurriendo incluso al asesinato, ha dado lugar al nacimiento de amplios movimientos de oposición. Se les han abierto, de pronto, los ojos a los detractores antimarxistas del liberalismo. Porque éstos, hasta hace poco, admitían que, incluso en la pugna política, por agria que ésta fuera y por odioso que el contrario resultara, existían ciertas reglas que no podían ser transgredidas; nadie, por ejemplo, podía nunca recurrir al homicidio para imponer sus propias ideas. Por eso, mal que bien, respetaban los medios de expresión, escritos y orales, de la oposición. Pero, de pronto, advirtieron, sobresaltados, que habían surgido unas gentes que hacían mofa de todo lo anterior, hallándose dispuestas a emplear cualesquiera artes para triunfar (Mises, L., Liberalismo, Barcelona, 1994, pp. 68-69, original alemán Liberalismus, del año 1927).
    ¿Quiénes eran estos antimarxistas detractores del liberalismo a los cuales, de repente, se les habrían "abierto los ojos"? Pues precisamente, según Mises, los fascistas:
 La idea fundamental de los aludidos movimientos, que cabe designar en términos generales como fascistas, de acuerdo con el nombre del correspondiente partido italiano, el mayor y más disciplinado, supone recurrir, en la lucha contra el socialismo, a los métodos despiadados y sin escrúpulos que él mismo emplea (Mises, L., op. cit., ibidem).
Y añade:
  Los recientes desmanes y asesinatos de los soviets han hecho que alemanes e italianos olvidaran los tradicionales frenos de la justicia y la moralidad, lanzándose por el camino del sangriento contraataque. Los actos de los fascistas son reacciones reflejas, provocadas por la indignación que lo efectuado por los marxistas en todas partes desatara. Pasado el inicial momento de iracundia, sin embargo, el fascio ha ido moderándose, lo que seguramente se acentuará con el paso del tiempo(Misses, L., op cit., p. 70).
Los liberales apoyan de alguna manera a los fascistas, ¿por qué? Mises lo explica en 1927, pero, por ejemplo, "Intereconomía" nunca se atrevería a recordar fragmentos como los citados o el siguiente:
 Hay quienes apoyan a los fascistas, pese a su programa intervencionista, por cuanto piensan que se detendrán a medio camino, sin alcanzar nunca los extremos destruccionistas, carentes de sentido, de los archienemigos de la civilizacíón, los comunistas (ibidem).
Desde luego, Mises ofrece una visión muy idealizada de los liberales, a los que presenta como caballeros respetuosos de la ley a pesar de las atrocidades que ya habían perpetrado mucho antes de que el comunismo existiera, pero lo cierto es que la barbarie comunista legitimó en su momento una contra violencia fascista y el temor al ocaso de la civilizacíón que el régimen de Moscú representaba por su mera forma de proceder menos que por sus ideas. No obstante, los países occidentales, liberales de pro, terminaron aliándose con la URSS contra Alemania. ¿Por qué? La excusa no puede consistir aquí en relatar una vez más "los crímenes cometidos a la postre por los fascistas", siendo así que, cuando se celebra esa alianza entre Occidente y "los archienemigos de la civilización" (1941), los bolcheviques ya cuentan en su haber con 13 millones de víctimas, mientras que el holocausto, incluso en la versión oficial, ni siquiera ha empezado (!sólo comenzará a finales de 1942 y una vez iniciada la campaña inglesa de bombardeos incendiarios contra los civiles alemanes!). El verdadero factor explicativo es quizá "económico": el fascismo ha sorprendido a los liberales, quienes pensaron que no estaban ante un régimen socialista "de verdad" y que los fascistas "se detendrían" antes de llevar "hasta sus últimas consecuencias" el modelo de economía mixta. El proyecto "socialista nacional" -comprendiéronlo ahora de pronto los banqueros-, no contemplaba una dictadura transitoria, pantomima pseudo patriótica que evitara a los ricos la ignominia de tener que beber hasta las heces el amargo caliz de la colectivización comunista: en las entrañas del fascismo anidaba un "sistema socialista propio", con posibilidades de viabilidad económica y social, tan peligroso o más que el marxista-leninista, pues no se basaba en la barbarie revolucionaria (las revoluciones fascistas escasa sangre derramaron, y Hitler llegó al poder democráticamente), sino en un principio prusiano, alternativo al inglés, de civilización europea, donde lo social y lo nacional subordinaban el imperativo económico del beneficio a los intereses superiores de la política y de la cultura. En consecuencia, el fascismo debía ser exterminado. En 1941 se filtró en un libro titulado Germany must perish el tipo motivaciones genocidas de la guerra occidental contra Alemania. Fue el conocimiento de ese plan por parte de las autoridades alemanas el que generó las condiciones del holocausto. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores se cuidaron muy mucho de aplicar un programa neoliberal y de desmantelar las economías mixtas ideadas por los fascistas. Salvaron el esqueleto de la estructura y lo rellenaron de pautas de conducta (consumo) basadas en criterios hedonistas, con los que, sin embargo, no podría funcionar a la larga; forjaron en fin un "Estado social y democrático de derecho" perecedero con la doble misión de desacreditar al comunismo y de impedir que el fascismo volviera a resurgir. Es este montaje, el pseudo socialismo consumista de mercado, el que recibió el nombre de keynesianismo, cuya clave está en los "valores de bienestar" pero que, respecto a este punto, se coloca en las antípodas del fascismo. Para documentar la importancia de los valores en el keynesianismo recomendamos la lectura del artículo de Robert Skidelsky "La rebelión contra los victorianos":
El intento de basar la revolución keynesiana en una nueva toma de conciencia puede, pero no debería, chocar al economista profesional. Cada sistema económico depende de una apropiada disposición psíquica o "ética". (...) Los ataques al ahorro, que aparecen en los escritos económicos de Keynes, desde mi punto de vista pueden ser rastreados hasta su nueva ética personal. La aceptación política y social de la revolución keynesiana puede, a su vez, rastrerase hasta una conciencia social modificada, cuya base material fue provista por el comienzo de una economía de consumo masivo a finales del siglo XIX (Skidelsky, R., El fin de la era keynesiana, Barcelona, Laia, 1977, pp. 20, 21).
El cambio subjetivo de valores burgués que va a convertirse en modelo para las posteriores "sociedades de consumo" tiene su expresión en palabras del propio Keynes citadas por Skidelsky:
    "Nuestros objetivos fundamentales en la vida eran el amor, la creación y el disfrute de la experiencia estética y la búsqueda del conocimiento. Entre ellos, el amor era con mucho el principal" (in op. cit., p. 25).
HITLER: EL SOCIALISMO HEROICO
Desde luego, cuando la mutación burguesa de valores llegue a las capas inferiores de la escala social, los resultados no serán tan refinados. Puede describirse esta evolución como la consecuencia de la crisis de las doctrinas religiosas entre la propia burguesía (op. cit., p. 22) y como la evolución de un eudemonismo de la felicidad, basado en la creencia en la salvación del alma, a un "materialismo" del placer inmediato que niega el ahorro. En efecto, el ahorro, para los puritanos victorianos, equivalía a una renuncia al placer. El éxito económico se convertía en un signo divino de la propia elección. Pero la bancarrota de esta fe entendida así como "pacto comercial entre Dios y el creyente", tiene consecuencias materialistas cuando esa creencia se desmorona y una de las "partes" del contrato no puede "cumplir" sus obligaciones soteriológicas. Es famosa la frase de Keynes: "A largo plazo, todos muertos" (op. cit., p. 24). Pero, aunque Skidelsky no lo dice, encuentra su equivalente en las mismísimas Sagradas Escrituras: "Si los muertos no resucitan comamos y bebamos que mañana moriremos" (Primera Carta a los Corintios, 15, 32). En suma, a pesar de su aparente ascetismo, en el puritanismo, que es lo más próximo en occidente al judaísmo, se encontraban enquistados los gérmenes del hedonismo:
 El objetivo de la autodisciplina, en el sistema puritano, era destruir la alegría espontánea de vivir y así librar tiempo y energía para el serio negocio de amontonar  dinero y éxitos para mayor gloria de Dios y la seguridad del alma inmortal de cada uno (Skidelsky, R., op. cit., p. 24).
El puritanismo remonta sus orígenes al calvinismo y se encuentra en la base del programa neoliberal, el cual no es sólo un programa económico, sino ante todo un intento de restablecer las condiciones religiosas que hacen posible el ahorro (interpretando de alguna manera las tesis del sociólogo conservador Daniel Bell, véase foto a la izquierda). Para los orígenes puritanos del calvinismo, Skidelsky es claro: allí donde el keynesianismo muestra su disposición psicológica y ética hedonista de base, la más clara forma de vinculación entre economía, psicología y valores la ilustró Max Weber con sus estudios sobre las raíces religiosas del capitalismo moderno:
  La más famosa asociación de esta clase es la establecida entre protestantismo y capitalismo. Max Weber argumentó que la intensa ansiedad creada por la doctrina calvinista de la predestinación produjo una ética de "ascetismo mundano" favorable al capitalismo, en particular, la idea de una vida dirigida hacia una meta, en la que un programa de proyectos a desarrollar se liga sistemáticamente a recursos limitados de tiempo y energía, fue esencial para el desarrollo de la racionalidad capitalista. Por tanto es difícilmente sorprendente que el cambio de prioridades económicas implicadas en a revolución keynesiana hubiera tenido su origen en un cambio de "ética" (Skidelsky, R., op. cit., p. 20).
En su famosísimo estudio del año 1976 The Cultural Contradictions of Capitalism, Daniel Bell analiza la contradicción central entre "sociedad de producción" y "sociedad de consumo" en el seno del capitalismo o, dicho en otros términos, el cortocircuito de keynesianismo y puritanismo. La sociedad de producción y, por ende, el capitalismo, no pueden perpetuarse por mucho tiempo asentadas en una base psicológica y ética hedonista. Una consecuencia que se puede extraer del análisis de Bell es la de un programa de desmantelamiento de la sociedad de consumo. Pero, y hete aquí lo más importante, esta doctrina comporta, según como se lea, "recuperar" los fundamentos religiosos del sistema capitalista, es decir, la actitud ética que hace posible el ahorro y, por ende, la constante reinversión del capital.  El proyecto neoliberal genera una agenda política neoconservadora ligada a un fundamentalismo que ya no es calvinista, sino explícitamente judío, es decir, cristiano-sionista. Y aquello que se desmorona no es tanto el consumismo en sí, cuanto la economía mixta de protección social que ha permitido el acceso al consumo de amplias capas de la población. En su lugar, aparece la sociedad oligárquica del siglo XXI, polarizada entre una "élite" hiperminoritaria ("pueblo elegido cristiano sionista") y una masa amorfa semiesclava ("gentiles fascistas"), sociedad que deberá consumir si produce en gran escala, ciertamente, pero no ya bienes de carácter hedonista para una mayoría de los ciudadanos, sino al servicio de "lo religioso puritano-judío", en una suerte de faraonismo mesiánico de guerras santas ligado a la construcción estadounidense del Eretz Israel.
Excurso sobre el fascismo
El único elemento importante en que la socialdemocracia superaba a las economías mixtas del Eje era la democracia, incluso en su dudosa versión liberal, frente a dictaduras carismáticas cuya continuidad, como sistema político, era por definición imposible, al depender de la azarosa aparición de líderes y personalidades de características únicas. El pacifismo socialdemócrata, en cambio, era sólo una consecuencia de su hedonismo. En el caso específico del nacionalsocialismo (no del fascismo en general), el racismo constituye un handicap tan importante que a la postre resultará determinante en la derrota alemana en el frente del Este y, por ende, en el resultado de la Segunda Guerra Mundial.
 Después de la Segunda Guerra Mundial, las finalidades de los regímenes liberal-democráticos a la hora de promover en Europa occidental el keynesianismo, es decir, una economía mixta, no fueron, pues, del todo distintas a las de los fascistas, a saber, evitar que todo el continente cayera en manos de Moscú, pero los principios axiológicos y éticos que guiaron esa combinación de mercado y protección social desde el año 1945 eran de tipo hedonista, no heroico-patriótico, de manera que la sociedad de consumo surgida bajo los auspicios del antifacismo estaba condenada a la quiebra. En efecto, la "protección social", en un contexto axiológico consumista del "bienestar", degenera en parasitismo como consecuencia de la propia lógica del marco cultural, del que referentes públicos de la sociedad como los políticos corruptos son los primeros responsables. El Estado social deviene un lastre insoportable por la sobrecarga de demandas amparadas en un anhelo pasivo de felicidad que las autoridades deben supuestamente satisfacer. !Los propios "representantes del pueblo" dan ejemplo! Las políticas keynesianas de estímulo de la demanda no pueden a la postre impedir el colapso fiscal del sistema. A esto se añade, a partir del año 1989, el hecho de que el comunismo ha dejado de representar una seria amenaza para occidente.
FEDER: ECONMISTA "ANTIMAMONISTA"
Las intenciones de los gobernantes y de las élites burguesas capitalistas no eran precisamente humanitarias cuando gestionaron el keynesianismo, como no lo fueron tampoco las de los regímenes fascistas. Una vez concluida su función de escaparate consumista frente al Telón de Acero, los democráticos estados del bienestar europeos estaban destinados al desmantelamiento. Los actuales acontecimientos que se viven en Europa señalan el final de un proceso para el que los propios europeos hemos estado ciegos. Y los indignados que protestan por los recortes, no pueden imaginarse que ni tan siquiera con la mejor de las voluntades, el tipo de sociedad que ellos añoran no volverá jamás porque es contradictoria en sus mismos fundamentos. Además, han logrado convencerles, gracias a impostores como Stéphane Hessel, que los "recortes" de las garantías de protección laboral o sanitaria y otras conquistas sociales son culpa de los fascistas, como si Wall Street no fuera, más bien, un ícono del antifascismo. ¿El fascismo vuelve? No, al contrario, estamos transitando hacia la fase terminal de un proyecto de erradicación del "fascismo" que en la actualidad empieza a mostrar su verdadera faz incluso ante los más lerdos. Primero se derrotó al fascismo militar (1945) y políticamente (juicio-farsa de Nüremberg); luego se procedió a su erradicación axiológica (1945-1989) con el fomento consciente de "valores antiheroicos" (Marcuse) y el consumismo (que incluye el consumo de drogas y perversiones sexuales como la pederastia), finalmente se van a liquidar las postreras ruinas del Tercer Reich, a saber: las economías mixtas, el Estado social proteccionista e intervencionista (1989-2013). Habrá que añadir, como cláusula secreta del protocolo antifascista, la desaparición (2013-2050), por sustitución étnica (inmigración), de los contigentes demográficos -las etnias europeas en tanto que puro sustrato biológico- que sirvieron en su día a "la causa del Anticristo" (Walter Benjamin). Como lerdos que son, y al parecer han sido siempre (de otra manera no nos explicamos tanta estupidez), a los actuales indignados se les ha hecho creer que sus males proceden de... Adolf Hitler -el mayor enemigo histórico de la oligarquía financiera-; de que, en una palabra, los "señores de la tijera" son nazis de las SS disfrazados de tecnócratas económicos de Chicago. !Oponerse a quienes hoy criticamos los preceptos de "libre circulación de la mano de obra" (=inmigración masiva), pilar central de la globalización neoliberal, es decir, a los "fascistas" (y somos los únicos en atrevernos a expresar públicamente esta crítica), va a devolverles el trabajo y la vivienda -o eso promete Hessel- a las familias en paro que la alta finanza sionista está arrojando cada día a la intemperie! !Y los indignado-lobotomizados, producto tardío de la aculturación axiológica de Europa (segunda fase del proyecto antifascista) se lo creen a pies juntillas!
 En un determinado momento de la historia comienza a adquirir preponderancia el neoliberalismo, frente al keynesianismo, en cuanto doctrina económica. Es el inicio del asalto al poder de la alta finanza que ya pronosticara Hitler si Alemania perdía la guerra, como hemos señalado en el post anterior.
No entraremos aquí en otros aspectos del nacionalsocialismo susceptibles de crítica o franca reprobación (!de ello ya se encargan demasiados especialistas en el tema!), sino que nos limitaremos a constatar el acierto de ciertas predicciones y enfoques "nazis" en materia de "mammonismo", los cuales el tiempo no ha hecho más que confirmar ad nauseam. Con todo, conviene señalar que dichos elementos de crítica al fascismo caminan en dos direcciones: 1/ los valores trágico-heroicos del fascismo tenían una expresión  básicamente militarista, circunstancia que condujo a una suerte de expansionismo compulsivo crónico en que la industria de fabricación de armas y la retórica del régimen quedaban encadenados a la misma rueda del destino; 2/ los fascismos eran dictaduras, pero la historia griega acredita que la tragedia, el héroe trágico, el pensamiento racional y la democracia son hijos de una mima matriz cultural. La Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) fundada por Jaume Farrerons, no es, en este sentido, un proyecto fascista, sino nacional-revolucionario (NR) o "socialista nacional" que combina nacionalismo, democracia, economía mixta y unos valores trágico-heroicos expresados en la cultura y la ciencia, no en la guerra. Nunca se ha dado históricamente, hasta el momento, esta forma de gobierno, que fundamentalmente se resume en un Estado social y nacional democrático basado en el valor verdad ("la verdad en sí misma y por sí misma") y ajeno tanto al consumismo cuanto al militarismo expansionista. Como antecedentes teóricos y políticos de nuestra izquierda nacional tenemos a los nacional-revolucionarios de izquierdas prefascistas (Sorel) y al primer fascismo hasta el programa de 13 de mayo de 1919, que era pacifista, democrático e incluso "feminista" (igualdad de voto para la mujer) en una época en que la mitad de la nación carecía de derechos políticos bajo la Tercera República francesa o en la famosa isla de Su Majestad.
A finales de los setenta, con la crisis del petróleo, se produce el giro ideológico que pondrá fin a las "economías mixtas", pero Europa todavía no se entera de lo que se le viene encima. Los primeros experimentos neoliberales realízanse en el Cono Sur y tienen como víctimas a prósperas economías proteccionistas que, no obstante, atentaban contra el dogma capitalista del librecambio. Habitualmente, las dictaduras sudamericanas son consideradas ejemplos postfascistas de fascismo, cuando en realidad combatieron y erradicaron a movimientos como el peronismo, de ideología nacional-revolucionaria, en provecho de los intereses de Washington y Tel Aviv. La ortodoxia económica aplicada en esos países-víctima fue la diseñada por Milton Friedman. La ola de aquello que empezó en Iberoamérica a finales de los setenta, alcanza ahora las costas de Europa ante la perplejidad de unos tontos del haba que creían en el "amor" pero dejaban morir de hambre a millones de personas del Tercer Mundo mientras ellos disfrutaban de su cochecito utilitario y sus vacaciones pagadas. Los avisos han sido, empero, muchos y el proceso, lento, se ha aplicado a los Estados europeos con suma cautela precisamente por ser dichos países las patrias del fascismo y de las economías mixtas. Europa se enorgullecía neciamente de su "modelo social" frente a EEUU ignorando la realidad de que ese modelo no era más que lo poco que quedaba del fascismo y una fase ya casi perimida en un vasto programa de implantación de la oligarquía financiera sionista a escala mundial. Quienes tenemos cierta edad podemos todavía recordar el pasmo que nos produjo en los años setenta y ochenta el tipo de argumentación con que se justificó la abolición de la legislación laboral franquista, a saber, que era demasiado protectora del trabajador. !Y decíase esto en los inicios de la "democracia"! ¿Pero no hablaban ya entonces claro quienes ahora nos conducen al matadero social?
 La historia del neoliberalismo es la historia de un retroceso de los derechos sociales de "la gente" (=los gentiles) a manos de quienes pretenden representar los valores del humanismo, los derechos humanos y el lloriqueo por "Auschwitz". Europa, desde los años ochenta, comienza a ser víctima de dos fenómenos paralelos: 1/ la llegada masiva de inmigrantes extra-europeos que presionan a la baja el valor del trabajo y gracias a los cuales los empresarios pueden practicar el más descarado dumping en perjuicio de los trabajadores autóctonos; 2/ los recortes en la protección social que había justificado, en su día, frente al comunismo, la existencia de un "capitalismo con rostro humano". A partir de este momento, el rostro del capitalismo volverá a ser inhumano, y la retórica humanitaria del mismo añadirá sólo una nota de crueldad y de cinismo al tipo de sociedad, basada en el poder de los ricos que, en nombre de la "democracia" y, no lo olvidemos, del antifascismo, vuelve ahora su guadaña contra nosotros. Contra los trabajadores de la nación.
Fuente: Blog Nacional Revolucionario 

sábado, 5 de enero de 2013

ELECCIONES LEGISLATIVAS 2013


ELECCIONES LEGISLATIVAS 2013
La noticia es de TELAM, PERO LA REDACCIÓN “MEJORADA” ME PERTENECE, POR LO MENOS NO CONFUNDE, COMO HACEN LOS PERIODISTAS MILITANTES:
       Los distritos que deben renovar bancas este año son la Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego, Entre Ríos, Salta, Neuquén, Chaco, Río Negro y Santiago del Estero.
       a) EL FRENTE PARA LA VICTORIA ES EL PARTIDO QUE MAYOR CANTIDAD DE BANCAS PONDRÁ EN JUEGO YA QUE SON 17 LOS SENADORES, entre propios y aliados, a los que se les vence el mandato el 9 de diciembre de 2013.
Entre los senadores propios del FPV que deben renovar sus bancas se cuenta, además de 1) Pichetto, 2) María José Bongiorno (también por Ríos Negro); 3) Daniel Filmus (Capital); 4) Jorge Colazo (Tierra del Fuego); 5) Pedro Guastavino y 6) Elsa Ruiz Díaz (Entre Ríos); y 7) Nanci Parrilli y 8) Marcelo Fuentes (Neuquén); 9) por Chaco Fabio Biancalani y 10) Elena Corregido; 11) Ana María Corradi de Beltrán, 12) Ada Iturrez de Capellini, por la provincia de Santiago del Estero.
ALIADOS del KIRCHNERISMO figuran los legisladores de Tierra del Fuego 13) María Rosa Díaz y 14) Osvaldo López que pertenecen al movimiento Nuevo Encuentro que conduce Martín Sabatella.
OTRO ALIADO ES el senador nacional 15) Horacio Lores, por el Movimiento Popular Neuquino; y 16) Juan Pérez Alsina, del Partido Renovador de Salta. 
OTRO POR CAPITAL FEDERAL ES: 17) Samuel Cabanchik, ingresó por la Coalición Cívica pero ahora, aliado al oficialismo
 
b) El RADICALISMO pondrá a consideración en las elecciones legislativas de octubre:
1)    las de Arturo Vera, por Entre Ríos;
2)    Pablo Verani, por Río Negro,
3)    Roy Nikisch, por Chaco, y la de
4)    Emilio Alberto Rached, por Santiago Del Estero.

c) EL PERONISMO DISIDENTE: renovarán las bancas de los salteños Sonia Escudero y Juan Carlos Romero,

d) COALICIÓN CÍVICA María Eugenia Estenssoro, senadora por la Capital Federal: “también deberá dejar su banca a fin de año si no es reelecta” (SIC) TELAM.-
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