SOFISMAS ECONÓMICOS Y
CONSENSOS SOCIALES
por
O'Connor, Ernesto A. ·
Los
cambios en el gabinete nacional abren expectativas políticas pero hasta el
momento no se evidencian cambios en las decisiones en materia económica, ante
un futuro nada promisorio.
El
impacto de las últimas elecciones legislativas determinó que el oficialismo
tomara nota de algunas cuestiones, entre ellas la crítica situación
macroeconómica de
La
evidencia muestra que las decisiones de política macroeconómica implementadas
desde 2006, y en forma creciente desde 2011, están en el origen de la situación
actual. El punto de llegada son los desequilibrios macroeconómicos, expresados
en una nueva manifestación de la restricción externa –una más en la historia…–
con un continuo drenaje de reservas del Banco Central, aún a pesar del cepo
cambiario vigente desde abril de 2012. La causa, desde nuestra perspectiva, es
la dominancia fiscal de la política monetaria: alto gasto público consolidado
Nación-provincias-municipios, en niveles históricamente récord de 50% del PIB,
financiado por la Nación
con emisión monetaria, generando atraso cambiario, con consecuente inflación,
que se ubica en el podio del mundo, y que aleja la producción argentina de la
competitividad, agravando la restricción externa. Una vez más, un path
dependence irreversible de la
Argentina en el largo plazo: la administración ineficiente y
displicente de la gestión pública.
Por
las medidas anunciadas, la Administración Nacional tomó nota y comienza a
implementar un ajuste fiscal para contener el gasto, de modo de, posiblemente,
emitir menos. El ajuste por ahora se presenta con la suba de impuestos a los
autos cuyo valor de mercado es superior a un precio determinado y el alza del
20 al 35% al impuesto a consumos en el exterior con tarjetas.
El
Banco Central, por su parte, ha coordinado la venta de bonos en dólares de
manera agresiva para bajar la cotización del paralelo blue, descapitalizando a la ANSéS , para corregir
expectativas de corto plazo.
Asimismo,
se anunció el comienzo del acuerdo con Repsol por la expropiación de YPF, lo
que permitiría recuperar algo de la perdida reputación global. La apuesta de la Administración
sería ir resolviendo los litigios externos restantes: Club de París, CIADI (ya
cerró algunas demandas), pero deberá lidiar con los holdouts, con resultado
incierto, y, seguramente, costo en divisas y no sólo en bonos. Luego se
aspiraría, con cambios en el INDEC y en el nuevo IPC, a liberar fondos de
organismos internacionales. Supongamos que la nueva medición de inflación
arrojara el 18% en lugar del 10% anual, aún cuando esté lejos del actual 25%,
podría acelerar la aprobación del FMI y la vigencia del artículo 4. Acceder a
una línea del FMI (un “blindaje” estilo el de 2001) no sería una opción a
descartar. Los ansiados fondos del BID estarían disponibles, y los del Banco
Mundial dependerán de los acuerdos con holdouts.
A
resolver: si se relajara el control de importaciones, habría más actividad
industrial y mayor crecimiento, con más inflación y demanda de dólares. De
seguir el control de importaciones, la industria –el gran generador del déficit
comercial bilateral argentino estructuralmente (no el turismo o la energía)– no
crecerá, y afectará la actividad global.
El
objetivo es que todo esto incremente la oferta neta de divisas para reducir la
restricción externa, mejorar las expectativas, recuperar la economía y la
credibilidad en la
Administración.
Los
anuncios se complementan con medidas para paliar la inflación: nuevos acuerdos
de precios, mesas sectoriales, techos a las paritarias salariales, y 200 metas
productivas por sectores, dado que la inflación se origina por rigideces de
oferta, pues los productores y empresarios priorizan su renta y sub-invierten,
según el diagnóstico oficial. Por eso el Estado debe conocer la estructura de
costos vía estudios de matriz insumo-producto, y fijar rentabilidades por
sectores.
Está
claro que esta idea no funciona en ningún lugar del mundo. La inflación implica
que el peso pierde valor, y es tarea del Banco Central generar valor en la
moneda, de modo que los agentes no la repudien y, en consecuencia, no prefieran
la divisa extranjera.
Reducir
el gasto público récord sería, desde nuestra perspectiva, el comienzo de una
solución. Los elevados subsidios a la producción, transporte y energía, las
nuevas jubilaciones sin aportes (se podría haber creado un ingreso universal
mínimo y no equipararlo con las jubilaciones), el gasto desmedido en empleo y
salarios públicos y el costo de la obra pública son algunas de las causas.
Hoy
gobernar significa emitir y/o crear impuestos, desde el punto de vista del
financiamiento del gasto público nacional, provincial y municipal: La Nación , con el impuesto
inflacionario más la presión tributaria récord de la AFIP ; las provincias,
aumentando impuestos y gasto público; y los municipios, con nuevos roles y
mayores tasas.
Las
nuevas medidas pueden generar la percepción de que los desequilibrios
macroeconómicos de corto plazo son transitorios, pero en realidad serán
permanentes si no se encara el origen del problema. Y las políticas monetarias,
fiscales y cambiarias correctivas seguramente provocarían muchos costos en el
corto plazo. Hacia el mediano plazo, si se logra acceso al financiamiento
externo y no se reduce el gasto público, reaparecerá la dinámica de la deuda
pública, que se sumará al déficit fiscal monetizado, y generará mayores
desequilibrios.
Cualquier
salida implicaría modificar la forma de organización económica. De no hacerse,
con o sin crisis macroeconómica, no habrá alto crecimiento, el empleo privado
seguirá cediendo y la pobreza estructural no mejorará ni en el mejor de los
casos (cabe recordar que según el Observatorio de la Deuda Social
Argentina de la UCA
es de 26,9%). El camino al desarrollo económico y social seguirá dominado por
los sofismas imperantes, resultado, también, de los consensos sociales
mayoritarios.
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